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¿Belleza o amargura?



Para María quien me ayudó a optar por la belleza


Lo más bello que un ser humano puede hacer por otro es darle ánimos para vivir.

Kien.


La vida diaria en sus ires y venires y con todas las obligaciones que tenemos que cumplir, se nos puede llegar a hacer complicada. A veces ni siquiera encontramos la manera adecuada de descansar y divertirnos. ¿Y será ella, la vida, así de por sí o sus complicaciones vienen de nosotros? ¿Será que no tenemos escapatoria, que ya que estamos aquí tenemos que llevar en las espaldas la loza de la vida diaria? ¿Será el vivir lo que algunos llaman condena? Sea lo que sea, la verdad es que para algunos al menos es algo insoportable; tan insoportable que prefieren abandonarla y optan por el suicidio.

¿Dónde estará el secreto dado que otros por su parte afirman con gran convicción que podemos llegar a disfrutar inmensamente, que la plenitud, la paz interior y el contento están a nuestro alcance?


He ahí el dilema: ¿es la vida, el vivir, una condena o el regalo maravilloso?


Es cierto que la inmensa mayoría de nosotros la experimentamos a veces negativamente y otras no tanto. Puede ser que algunos argumenten que todo depende de las circunstancias. Sin embargo si nuestra felicidad depende de las circunstancias ¿dónde quedamos nosotros? ¿No habrá un camino que nos conduzca a aquietar esa inquietud profunda que en los momentos de tranquilidad nos perturba? Preguntas, preguntas y más preguntas. Aunque a veces las desechemos no son algo baladí, es nuestra intimidad que aflora y que según algunos son lo más propio que tenemos y nos constituyen. Así el Dr. Viktor E. Frankl afirma que la pregunta por el sentido de la vida es lo más humano que tenemos. No es difícil que en algún momento lleguemos a preguntarnos por el sentido último de todo no sólo de situaciones específicas.


Otros como Jean Paul Sartre desestiman todo esto y afirman que el Hombre es una pasión inútil, una pregunta sin respuesta.


Es claro que este segundo enfoque no nos construye y nos lleva más bien a una profunda desesperación.


Si paseo por un parque o aspiro el perfume de una rosa, así simplemente sin ningún cuestionamiento, no puedo menos de elegir el enfoque que más me haga sentir consuelo y me dé el sentimiento de que todo está bien. Elegimos entonces más por la belleza que por la amargura.


Mtro. Alfredo Pintos Aguilar

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