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¿Críticos o criticones?

Actualizado: 25 de nov de 2019



La criticidad o consciencia crítica es una habilidad que nos protege contra la ingenuidad.

En la vida diaria recibimos múltiples mensajes. Algunos de ellos quieren obtener algo de nosotros como la propaganda. Otros pretenden que nuestras conductas se adecuen a determinados fines u objetivos. Podemos dar multiplicidad de ejemplos. Y nosotros frente a esas solicitaciones tan frecuentes quedamos desconcertados: ¿a dónde me quieren llevar?

Supuesta nuestra buena voluntad, necesitamos orientarnos: ¿a qué o a quién le doy mi asentimiento? ¿a quién le podemos creer?

En la vida académica hay diversos criterios y procedimientos para poner a prueba las hipótesis y teorías. La vida diaria sin embargo es diferente.

Aceptar la verdad y la buena intención de una comunicación es una decisión. Sólo el conocimiento matemático es evidente de por sí. La vida es de otra manera. Ésta nos pide asentimientos sin que tengamos la total seguridad de acertar. El riesgo es indispensable. En eso pensaba probablemente el poeta romano que nos invitó al atrevimiento para poder vivir: Sapere aude. Atrévete a saber.

No podemos perder de vista que el objetivo es vivir en la verdad. Este es el propósito profundo de esta habilidad: verdad para con nosotros y verdad para con quienes convivimos. Nos coloca frente al hecho de que no hay algo peor que vivir en la mentira o que nos engañen.

Esta habilidad no solo hace referencia a lo intelectual; tiene que ver con lo existencial. No quiere únicamente que no nos desorientemos con lo que recibimos sino que en la medida de lo posible, no desorientemos a los demás con lo que afirmamos y con nuestras conductas, nuestro modo de comportarnos.

Esta habilidad es simplemente aprender a vivir en la verdad.

KIER

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