• Editor

¿Cumplir con el deber es benéfico?



Cuando somos niños recibimos una multitud de órdenes. Esto es la condición de posibilidad para que en nosotros se vaya formando la conciencia moral. Cuando carecemos de ese estímulo o cuando las órdenes son muy caóticas o contradictorias, corremos el riesgo de la amoralidad o la locura.

Las órdenes recibidas se convierten en una guía para la acción. Sabemos cómo tenemos que comportarnos y a qué debemos aspirar. Esto no es nada extraño ni desconocido pues es parte de lo que los antropólogos llaman endoculturación; formar parte de una cultura en otras palabras.

Todo esto se complica cuando se cataloga lo recibido como bueno o malo.

Si todo fuera totalmente automático e inexorable, la escapatoria estaría cancelada y las posibilidades de creatividad y libertad serían nulas.

Sin embargo la insatisfacción que experimentamos afortunadamente en diferentes etapas de la vida, nos lleva a cuestionar la justeza de lo recibido. Y es que en la pubertad y adolescencia principalmente se manifiesta en el mejor de los casos nuestro sentimiento de individualidad.

Contra ese sentimiento y contra la exigencia legítima de ser nosotros mismos, actúan esas órdenes recibidas en la infancia y a lo largo de la vida. Estamos programados afirman filósofos, psicólogos y maestros espirituales.

La insatisfacción experimentada es el motor que nos mueve y nos lleva a desenmascarar esas programaciones…

Queda la pregunta: ¿cuando actúo por mi deber o responsabilidad a quién estoy obedeciendo? ¿a los que me programaron o a las exigencias más legítimas que tengo?

Percibir mis condicionamientos me ayuda a ser libre.

Mtro. Alfredo Pintos Aguilar

10 vistas
Contáctanos
  • Blanco Icono de YouTube
  • Facebook Clean
  • Flickr Clean

55 1232 9858