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Ilusiones perdidas


El vagabundeo en una de esas cavernas del consumo durante una mañana de diciembre, me llevó hasta una librería, en donde un libro en el aparador me hizo un guiño que detuvo mis pasos. Era la nueva biografía sobre John Lennon, escrita por Philip Norman, que días antes había despertado mi interés por la presunción del biógrafo inglés en una reseña, según la cual el miope y voraz lector de los Beatles “nunca escapó a las heridas de su infancia, no superó el hecho de que sus padres le abandonaran”.


Esa misma herida está presente en la obra de Gabriel García Márquez, abandonado dos veces también por su madre, una ausencia de la que “jamás se repondría, en buena medida porque nunca conseguiría afrontar los sentimientos que este hecho provocaba en él”. Esto de acuerdo a otra biografía reciente, escrita por otro inglés, Gerald Martin, cuyo libro, pese a la diestra reacción de Enrique Krauze en sus letras libres, no sólo observa el adentro atormentado de García Márquez, su improbable y hasta temeraria vocación de escritor, sino que logra retratar el temperamento del mundo de esa época, sobre todo de Latinoamérica, “el continente desconocido, la tierra del futuro, que alberga grandiosos sueños y fracasos calamitosos”.


Leí ambas biografías durante estancias en Medellín y Ciudad de México, en madrugadas fugaces y días que transcurrían con lentitud. Y aunque los autores describen dos caminos muy distintos; sin embargo, coinciden en que el verdadero arte, ése que sacude y conmociona, es aquel que nos confronta con la nostalgia de lo perdido. Por eso la música y la literatura nos dejan en trance, tocados por el terrible escalofrío de la belleza…


Carlos Mario Castro

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