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¿La edad es sinónimo de sabiduría?


Para la Hna. Maru Ortiz y todas las de 60 y más con las que empecé el año.


¿A quién le llamamos sabio en la vida diaria? ¿No es a aquel que sabe de muchas cosas, que posee muchos conocimientos sobre gran diversidad de temas? Este es el concepto ordinario de sabio; pero para no engañarnos necesitamos profundizar un poco más en el concepto tanto de sabio como de sabiduría.

En Grecia la sabiduría está asociada a lo divino pues Palas Atenea y Apolo -ambos dioses- son los dispensadores de ella. No está de más recordar que en la Biblia el temor de Yahveh es el origen de la sabiduría.

Ante esto sólo podemos decir que nuestro concepto ordinario ni siquiera roza lo que Grecia y la Biblia conciben por sabiduría.

Primero distingamos dos tipos de sabiduría: la que podemos llamar académica y la sabiduría práctica. Ésta es la que las dos fuentes a que nos referimos consideran propiamente como sabiduría. El que ha profundizado en sí mismo y en la vida es quien con derecho puede ser llamado sabio. En el fondo sabe de qué va la vida: SABE VIVIR.

Para esto claro que es necesario haber pasado por múltiples experiencias de la vida, por eso la sabiduría se asocia a la edad; pero Ignacio de Loyola nos señala un camino que hace parecer que la edad cronológica no es suficiente. No porque hayamos pasado por múltiples experiencias y sepamos de muchas cosas habremos crecido y madurado nos dice él: gustar internamente de la realidad es lo que necesitamos. Aquí Ignacio hace referencia a la etimología de sabiduría, sápere: saborear. ¿Y qué es lo que necesitamos saborear? Lo amargo, lo dulce, lo ácido, etcétera, de la vida y sus verdades. Esto finalmente nos llevará a la serenidad. Para esto necesitamos el valor de conocernos a nosotros mismos: Sápere aude: atrévete a conocerte (Horacio, poeta latino).


Mtro. Alfredo Pintos Aguilar

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