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Leer y escribir como ejercicios del espíritu



Si me viera forzado ahora a contestar la eterna pregunta de por qué se escribe, respondería simplemente que uno lo hace por necesidad interior.

Sergio Pitol



Había una vez un niño que regresaba de la escuela. Caminaba inquieto y con prisa hacia su casa por una llanura campestre. Quería llegar a tiempo para ver a Los tres chiflados en la televisión, lo hacían reír y los imitaba cuando jugaba con sus compañeros. En un vericueto del camino, el niño fue sorprendido por sus hermanas que lo abrazaron para luego dejar en sus manos un pequeño libro de juguete: -Este regalo lo envía tu mamá, -le dijeron, pues el pequeño vivía con su abuela. Fue un detalle final para decir adiós. Tiempo después aquella mamá, que no sabía leer ni escribir, desapareció de su vida. Desde entonces cuando la extrañaba, el niño la buscaba en las letras de colores de aquel librito. Creía que sus páginas le descubrirían la ruta para encontrar los abrazos perdidos de su madre.

El niño creció y, más por dolor que por virtud, se aficionó a la lectura y a la escritura (escribía diarios, le gustaban los ensayos, y anhelaba escribir un día como los grandes escritores que admiraba, cuyos mejores fragmentos releía una y otra vez en las madrugadas). Leía y escribía porque imaginaba ingenuamente que de esa manera recuperaría a su madre o, al menos, el modo para seguir su huella, una estela de lo perdido en la infancia, que a él le parecía recobrar cuando se adentraba en la soledad sonora de sus lecturas y de su escritura.

En cierto modo leemos, y a veces escribimos, para recuperar y dar significado a las ausencias que han marcado nuestras vidas. En su humildad el acto de leer y de escribir es como una escafandra que nos ayuda a explorar el misterio, muchas veces insondable, de quiénes somos y cuál es nuestro propósito en la vida. Aprender a leer y a escribir es quizás en su sencillez la experiencia evolutiva más decisiva que nos ha ocurrido. Es un invento que tiene un gran potencial como ejercicio para modelar el espíritu, para discernir y reflexionar las fuerzas interiores que pugnan por hacerse con el timón de nuestra vida. En pocas palabras, escribir sobre nuestra vida nos puede servir para conocernos mejor a nosotros mismos, y comprender y dirimir la γιγαντo-μαχια (gigantomaquia) que entrañan algunos de los problemas más supinos del mundo en que vivimos.

Carlos Mario Castro

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