Liberar a los clásicos

Actualizado: ago 29



Nos han acostumbrado a la imagen aburrida y lejana de los clásicos, esos hombres y mujeres del pasado cuya vida y obra nunca envejecen, y que son fundamentales para comprender nuestro presente, pero más para imaginar y entrever nuestro futuro.

Como escribió Ósip Maldesntam: “el clasisismo es el arte de la revolución”. Sin embargo, el espíritu transgresor y explosivamente revolucionario de los clásicos se encuentra petrificado, confinado contra su voluntad, en esculturas y bustos de yeso, desde donde nos miran con la tristeza y la resignación del encarcelado que añora su libertad.

Quizás es hora de tomar un martillo en nuestras manos y proceder a romper esa imagen fosilizada de los clásicos, liberar su espíritu de los mausoleos que con el pretexto de honrarlos, en realidad mantienen cautiva, bajo un ferreo control, la insolente libertad y creatividad con que vivieron y realizaron sus obras, con ese toque intemporal —semejante al divino— que nunca se desgasta y siempre nos interpela porque nos confronta con modos de sentir y de pensar que no son los habituales.

Los clásicos, entre quienes también hay que agregar a la sabiduría de los pueblos originarios, nos enseñan a admirarnos para entonces observar la realidad con ojos de profundidad. Al contacto con sus vidas y obras nuestro sentir y pensar se elevan más allá de las apariencias en que vivimos.

Si algo destaca de los clásicos es su creatividad, al inventar pese a las incompresiones de su tiempo, soluciones y respuestas que nunca antes habían sido exploradas. Por eso tienen el notable mérito de que sus obras abren caminos nuevos para la vida y el pensamiento. En este sentido son gigantes sobre cuyos hombros nos apoyamos quienes somos pequeños y medianos de estatura para observar y comprender mejor la realidad y sus problemas.

El valor de lo clásico consiste en ayudarnos a saber mejor quiénes somos, en prestarnos sus herramientas para reinventarnos, y en ayudarnos espiritualmente en la crisis de nuestro tiempo a ensayar nuevas respuestas a la eterna pregunta por el sentido y finalidad de la aventura y viaje humanos.


Carlos Mario Castro

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