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¿Sabemos dar las gracias?



Para Migue, quien sabe agradecer.


Pocas cosas nos hacen tan atractivos como saber agradecer y pocas nos alejan más de los demás como no saber dar las gracias.

"¡Gracias!" Es una palabra repetida tantas veces que se ha desgastado. Es ya un lugar común y parece que ni siquiera sabemos por qué dar las gracias. No importa, porque es el aceite con el que evitamos que rechine la vida diaria. Algo así como pedir las cosas, "por favor". Formas de buena educación y cortesía. Necesarias para una buena convivencia, para que las relaciones fluyan así sea solamente en lo superficial.

Sin embargo, cuando vamos al telón de fondo de lo cotidiano, la vida, ya no vemos tan claro eso del agradecer. Sí, hay infinidad de situaciones que podemos agradecer sin que medien las palabras. Hasta el agua caliente de la regadera para el baño diario. ¿Por qué no agradecerla? ¿Lo impedirá nuestra soberbia que nos hace creer que merecemos todo lo bueno de la vida? ¡Ah! Todo aquello que me satisface es algo que se me debe exclusivamente por mis méritos. Lo merezco.

¿En qué nos convierte el auto encumbramiento? ¿Qué perdemos con esa actitud? ¿No nos hemos entonces cegado a nosotros mismos a la delicadeza de lo que nos rodea y que solamente podemos percibir desde un interior agradecido?

Cuando aprendemos a agradecer aun las desgracias más fuertes que nos pueden suceder, nos reconciliamos con la vida, con los demás y con nosotros mismos. Ciertamente es cosa nada fácil de lograr, pero solo así podemos llegar a cantar el "¡Gracias a la vida!" de Violeta Parra.

KIEN

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