Saber decir adiós. Saber dar la bienvenida

Actualizado: ene 15



Para ti cuyo nombre no quieres que aparezca


Tanto el fin de año como el inicio de otro son señales de buenos auspicios si los tomamos con la actitud correcta. Tiempos de renovación y crecimiento.

Saber decir adiós; pero de qué nos tenemos que despedir, qué es lo que decidimos dejar atrás. La respuesta no es nada fácil.

Un fin de año, de por sí, no significa nada sino que la tierra recorrió miles de kilómetros alrededor del sol. Fin de un ciclo estacional. Esto ha dado pie a que culturas más en comunión simpática con los procesos cósmicos, vean símbolos en este ir y venir, en esta aparente muerte del sol con el consiguiente renacer.

Puestos nosotros también en sintonía con estos ciclos cósmicos, podemos decir adiós a actitudes que, de ser mantenidas, significarán todo lo contrario de una nueva vida; solo serán la manifestación de que no hemos terminado de despojarnos de lo que nos impide el crecimiento y la renovación, promesas reales de nuestra comunión con la Tierra, con el Universo.

La mayor duración de las noches, nos invita a que también nosotros volvamos un poco más a nuestro interior. La noche nos ayuda a profundizar más en nosotros y nos ayuda a ver con mayor claridad de qué nos tenemos que despedir.

Momentos de interioridad y momentos de confrontación.

Cada uno de nosotros sabe qué es lo que le frena; cuáles son las actitudes que han detenido nuestro crecimiento. ¿Por qué por ejemplo, seguir manteniendo esas actitudes infantiles que lo único que logran es que demos la espalda a la convivencia íntima y profunda? ¿No debemos decir adiós también al miedo que nos impide la audacia de adentrarnos en el camino que entrevemos es por donde debemos ir? ¿Estamos dispuestos a seguir siendo el niño que solamente quiere consuelos baratos?

Sólo con la audacia damos la bienvenida a las promesas de una nueva vida.

KIEN

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