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Saber ser libre


Madurez ad summum. Saber ser libre.


Para Carlos y Tania.


¡Cuánto no se ha escrito y dicho sobre la libertad! Hasta puede llegar a parecer que es una palabra maldita pues innumerables son las vidas que se le han sacrificado. ¿Hay sin embargo algo más preciado para nosotros? ¿No constituye el más íntimo de nuestros afanes diarios? El sabernos y vivirnos llenos de limitaciones hace que peleemos, que reclamemos el derecho de ser libres; nos rebelamos con mayor o menor fuerza contra lo que nos constriñe y limita. No por nada el airoso vuelo de un ave es sinónimo de libertad: ausencia total de límites.


Todos estos deseos, tan legítimos en su origen, parecen tan, pero tan poco reales en una segunda mirada. Aun aquellos que pronostican la inmortalidad como algo accesible en un futuro no lejano ( Cfr. Homo Deus. Y. N. Harari), no dejan de tener un sabor de grave narcisismo neurótico en todo lo que afirman. ¿No estaremos frente a situaciones de omnipotencia megalomaniática?

¿Qué nos queda entonces? ¿Abandonar los deseos tan legítimos y tan de dentro y aceptar el ser humillados y subyugados; en una palabra, no ser libres?


No se pueden negar todos los límites a riesgo -en casos extremos- de la demencia. Y es que la libertad como todo lo valioso se encuentra no sólo en el término medio aristotélico sino en el interior, en lo más íntimo de nuestra intimidad, en la consciencia adonde ni los demonios tienen acceso. Podemos perder todo, pero nos queda un "SEA" desde el interior; palabra que nos reconcilia con lo ineludible. ¿Y cuál recompensa obtenemos después de que ese "SEA" se pronuncia en nuestro interior? ¿No será así como experimentamos la paz que supera todo conocimiento?


Alfredo Pintos

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